Programa de 12 pasos para dejar la lectura y la misantropía.

Saturday, June 24, 2006

Mi casa es relativamente nueva, o al menos así deseo considerarla. Cumplirá treinta años en septiembre y, para ser honesto, se encuentra en muy buen estado. Pareciera que no pasa de veinticinco, han dicho algunas mujeres interesadas en comprarla. Sin embargo, ya no está en venta. Además, su único inquilino es un judío absolutamente intratable.
Hace diez años aseguraba que lograría que mi casa durara para siempre. Pronto habría nuevos adelantos en tecnología de la construcción, --dije-- y mantendré esta casa en óptimo estado eternamente. Ahora sé que ello no será posible, al menos no a tal extremo. Pero estoy dispuesto a apostar con los bisnietos de mis compañeros de la facultad que mi casa durará 138 años, mínimo.
Por supuesto que la casa no resistirá más de un siglo en las mismas condiciones actuales. Sé que lo primero que perderá serán su dos columnas, especialmente la del lado derecho. Lástima, porque es lo más les agrada a las compradoras. Pero habrá algún sustituto para ellas (tanto para las columnas como para las compradoras), espero que duren lo suficiente para que ya exista algún resane neumático y --por qué no-- aéreo. Así aumentará aún más la plusvalía. Y habrán otras mejoras, estoy plenamente convencido de ello.
Es destino que todo termine como polvo, pero sé que en menos de un siglo será factible construir otro tipo de casas: diáfanas, flotantes y tranquilas, y éstas posiblemente sí duren la eternidad ansiada. Y ése será el momento en que el inquilino dejará mi vieja casa y se mudará, espero que aún con la misma avidez de estar, habitar, vivir la nueva casa; ahora sí para siempre.

2 comments:

grg said...

A mi también me gusta la columna derecha, y el cuento.

Sandy said...

Se me hace que ese judío intratable no se sale de esa casa por nada del mundo…a mí también me gusto tu cuento David.

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